domingo, 7 de marzo de 2010
Desde una flor hacia tus labios.
Caminaban mis pies por el verde campo cuando, batiendo sus frágiles alas se cruzó por mi camino. Parecía recortada de un papel, con sus infinitos colores,
y quise seguirla.
Benditos rayos de luz que rebotaban en sus alas, como en un cuadro de Dalí, de extraña figura, sutil mariposa que enamoró mis ojos y bautizó mi admiración y devoción por observarla.
Fui tras ella. Me dejó que la viera, piel al sol, posada sobre una roja flor de cuyos pétalos nacieron vuestros labios, aquellos hermosos labios de rosa piel que heredaron mi admiración de una pequeña mariposa femenina y pudorosa que se acostumbró a la mirada de un tímido observador.
Fue entonces cuando quise convertirme en mariposa para volar por el cielo celeste llevando al mundo los colores de mis alas y poder posarme en la roja flor de tus labios y con los míos poder besarlos bajo el cielo y su mirada que mantiene vigilada mi obsesión.
Hoy las golondrinas vuelan junto a mi deseo y a la lujuria que desata tu boca en mi cabeza, el pecado al que hubiera sucumbido cualquier profeta, del cual soy víctima absoluta, por no poder despegar mis ojos de esa rosa mágica de la cual nacieron tus labios en calma, mientras yo espero mi turno para poder llegar a besarla.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Historia Tallada En Madera.
Hemos tallado juntos la madera. Hicimos nubes que fingían un corazón
y nosotros las mirábamos de cerca, como si estuviéramos mirando el cielo
y sus nubes junto al sol.
Yo me encontraba con un palito en la mano dibujando en el aire
cuando el rocío cayó sobre mis párpados y se dibujó la paz que buscaba,
y aquellos animales, los peces y las aves, se abrazaron.
Ella se mecía como pluma cuando bailaba con el viento
que pasaba a saludarnos y en su saludo nos cantaba
con suave voz de soprano.
Cada vez que el sol escalaba por su cuerpo hasta sus ojos
ellos resplandecían como una pequeña lámpara que empapaba
mis momentos de oscuridad y me sumía en los recuerdos
que marcaban los momentos que escribieron nuestra amistad.
Cada una de las nubes que tallamos son símbolos de los besos
que me suele regalar. Entonces vienen raudas como cascadas
aquellas religiosas lágrimas que quisiera yo botar y que,
sin deseo alguno, por motivos que la razón no entiende,
me acostumbro yo guardar.
Aunque sean de emoción, de felicidad o de tristeza,
aquellas tímidas lágrimas se logran ocultar,
al igual que aquellos sentimientos que me guardo
por preferir que el sol no se vaya a escapar.
Nubes tallamos en la madera, pero luego las quitamos
y luego, juntos tallamos un sol en la parte de arriba
y, debajo de él, un mar. Y nuestras manos fraternizaban
como si nos fuéramos a enamorar.
Luego quitamos el sol, tallamos unas estrellas y una luna
para la noche alumbrar y, tomados de la mano, simplemente
nos miramos y nos pusimos a soñar con la inmensidad de un cielo
bajo el cual cantar y bailar y volver a soñar y caminar en la noche
y su paz y en la cama tibia donde nos comenzamos a amar.
y nosotros las mirábamos de cerca, como si estuviéramos mirando el cielo
y sus nubes junto al sol.
Yo me encontraba con un palito en la mano dibujando en el aire
cuando el rocío cayó sobre mis párpados y se dibujó la paz que buscaba,
y aquellos animales, los peces y las aves, se abrazaron.
Ella se mecía como pluma cuando bailaba con el viento
que pasaba a saludarnos y en su saludo nos cantaba
con suave voz de soprano.
Cada vez que el sol escalaba por su cuerpo hasta sus ojos
ellos resplandecían como una pequeña lámpara que empapaba
mis momentos de oscuridad y me sumía en los recuerdos
que marcaban los momentos que escribieron nuestra amistad.
Cada una de las nubes que tallamos son símbolos de los besos
que me suele regalar. Entonces vienen raudas como cascadas
aquellas religiosas lágrimas que quisiera yo botar y que,
sin deseo alguno, por motivos que la razón no entiende,
me acostumbro yo guardar.
Aunque sean de emoción, de felicidad o de tristeza,
aquellas tímidas lágrimas se logran ocultar,
al igual que aquellos sentimientos que me guardo
por preferir que el sol no se vaya a escapar.
Nubes tallamos en la madera, pero luego las quitamos
y luego, juntos tallamos un sol en la parte de arriba
y, debajo de él, un mar. Y nuestras manos fraternizaban
como si nos fuéramos a enamorar.
Luego quitamos el sol, tallamos unas estrellas y una luna
para la noche alumbrar y, tomados de la mano, simplemente
nos miramos y nos pusimos a soñar con la inmensidad de un cielo
bajo el cual cantar y bailar y volver a soñar y caminar en la noche
y su paz y en la cama tibia donde nos comenzamos a amar.
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