jueves, 27 de marzo de 2014
Portafolios I
De un momento a otro se deshizo el sonido más prometedor y, además de ambos, gritó con más fuerza el clamor por una anhelada paz. No quedaron trozos de hilo ni marcas deambulando en nuestras bocas, ni el sudor de un cuerpo ajeno adherido a mis manos, ni a mi pecho, ni a los mantos blancos y suaves que hoy tienen un dejo a árboles de otoño.
Osaste abrir la puerta del desahucio y con él se vino el invierno; entre aguaceros y demases acabamos desnudos masticando el frío.
He ahí nuestra caja de Pandora, sobre el pasto, en plena calle, en tus calles y en las mías, en la noche. He ahí el principio de un desenlace, el nacimiento de la ausencia de siluetas temerosas que se asustan del resto del mundo, que se marchan de la otra como pájaro en invierno de las ramas del árbol que juntos plantaron en medio de un mundo de cemento.
No se sabe de aquellos caminos que ya no existen; hay un par de pupilas ahogadas, profundas como un pozo, llenas de agua; hay musgo en tus mejillas, hay delirio en los lugares ahora vacíos de momentos que han sido talados.
Los sauces no esconden su llanto; me pregunto cómo consolarlos, ¿de qué les hablo si también estoy como que ellos?, ¿cómo los calmo?...
Desde hace un par de días ya es invierno y, como sólo en este sur, es invierno largo....
¿Dónde iremos a parar?... Sólo sé, y tal vez es cierto, que la tierra hambrienta nos está esperando...
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