Un parpadeo tras otro y al abrir definitivamente los ojos eres un vaivén de colores. Una imagen que se torna… Se trastorna y se vuelve estroboscópica; lisérgica, estallando en llamas. Las esquirlas de un delirio han venido a herir mi soledad y arrullaron con voces de ninfas mi cuerpo cautivo.
Es de aurora tu semblante entre la noche y el resto del cielo y reflejan, tus pechos, cordilleras donde reina un profundo silbar que está lejos del olvido; guarda en propiedad su intransable lugar y es majestad en mis oídos, deshaciendo el rencor que exacerba a ratos los dominios de la paz en mis bocetos de momentos introspectivos donde, recostado entre tu abrazo puedo sentir su latido.
Cantan tus ojos algo intrínseco del alba, traficando sentimientos de los cuales me he hecho adicto. Me adentro en el antro de tu piel donde se abren los ojos del ilícito deseo de asesinar tu inocencia, entonces, atando tus brazos di paso a tu apogeo. Mujer siempre fuiste pero no antes tanto como ahora.
Se desliza la voz estrecha, apretada, suena fuerte desde tu boca envuelta en llamaradas. Flagrante el calor en tu piel sonrojada, sudada; me abrazan tus piernas, tus muslos besan mi cadera que entre tanto placer se ha visto atenuada…



