Bebí del veneno frío
de ver tu espalda alejándose cada vez que echaste a andar. El viento soplaba en tu contra como
diciéndote implícitamente que te quedaras aquí, pero esa obstinación nunca hace
caso ni a tus propios sentimientos; bien lo sé yo, que te he visto volver
tantas veces.
Entonces me sedujo aquella
idea de olvidarte, de irme a otro lugar para que cuando vuelvas yo ya no esté,
y bien lo logré, aunque mi amor no se ha muerto, tal vez deba quemarlo o
extirparlo con cuanta melodía se me ocurra para mantenerme ocupado hasta que
otra decida quedarse con esto que tú dejaste atrás.
¡Me voy!, ¡me voy de
ti y de tu existencia!... Hoy me siento al fin libre para echarme a caminar con
la guitarra bien firme al hombro y en cada paso iré dejando atrás un recuerdo,
una pena de cuántas que me diste, porque esos fueron los únicos regalos que
tenías para mi.
Ahora salgo a la carretera con la cara sonriente, y te dispararé para que muera tu imagen dentro mío, porque es una carga muy grande que no estoy dispuesto a trasladar.
Ahora salgo a la carretera con la cara sonriente, y te dispararé para que muera tu imagen dentro mío, porque es una carga muy grande que no estoy dispuesto a trasladar.
Tal vez deba estar
un tiempo solo, sin privarme de mi amada libertad pues, de repente vienen cosas
buenas que debería aprovechar, pero está disuelto en el tiempo aquello que
llamo vida; mientras no haya algo importante a qué aferrarse solamente pienso
en irme en busca de una satisfacción, algo tan simple que me traiga una
alegría, esa paz de ver atardeceres abrigando paisajes nuevos, colores
diversos, miles de gotas cantando en el sur, arreboles que personifiquen el
cielo en en el norte y el andar descalzo en la arena, el nadar desnudo en las
playas de otras tierras mientras todo sigue su cauce, mientras no se acaben
los lugares nuevos y mi paso no se canse seguirá avanzando este caminante con
su paso amplio canalizando su despecho…

