Se me han perdido sus ojos; se me han caido de la memoria y su historia se fugó con el viento hacia tiempos mejores.
Vuelvo a ver esos momentos en que solía caerse entre mis párpados inmóviles y su luz se impregnaba en mis pupilas dilatadas. Cuando un par de tacones anclaban su viaje frente a mi aposento y las cálidas palabras saltaban como las gotas de una cascada, entonces yo podía saborear sus sentimientos y el sazón de sus caricias.
En instantes como éstos, cuando estoy solo, sus recuerdos a veces besan mi memoria y me acurruco junto al fuego de ese pasado en que solíamos jugar a ser como un par de aves.
Un susurro de su piel rozaba la mía; un disparo de amor se llevó mi vida a seguir sus pasos por donde quiera que ella vaya, por donde sea que ella camine, por donde sea que la luna abrace su cuerpo por las noches. Ahí está mi consuelo entre las estrellas, bailando sobre las olas del mar, en sus ojos infinitos, en esa piel tan tersa que me regaló el agua tibia y en los versos que hoy inspira en mi y que no podré decirle jamás.
Yo guardo en mis ojos sus pétalos y entre mis manos el calor de sus manos y no puedo soltaro, pero tampoco quiero hacerlo, y esque ella está impregnada en mi almohada y se inmiscuye entre mis sueños deseando que se hagan realidad.
Tengo, en una pequeña cajita, el color de sus ojos para mirarlos de vez en cuando; el sabor de su cuerpo para besarlo en mi soledad; la suavidad de su pelo para acariciarlo cuando sienta deseos y, para mis oidos, tengo su voz que, en contados momentos, aún escucho con claridad.
A veces vuelvo a sentir su aroma que se me resbala por la nariz hasta mis recuerdos y me envuelve en el sopor de sus abrazos cariñosos, pinceladas de su tibia ternura, matizadas con los grises besos que nunca me dió por temor a amar a quien no pareciera un principe azul.
A veces la busco y la encuentro entre las nubes, en el cielo azul, pero mis manos no la alcanzan y cuando ella me ve, sonríe, pero oculta su felicidad de mis ojos. Pero ya no me quedan más lágrimas que llorar por ella, las lloré todas cuando le pedí que no se fuera, pero se marchó y esa magnífica ilusión simplemente se quebró.
Hoy mi corazón se sumerge en el mismo lago donde la encontré, con la esperanza de encontrar a otra que le dé muerte a los temores para darle vida a nuestro amor.
Hoy mi corazón se sumerge en el mismo lago donde la encontré, con la esperanza de encontrar a otra que le dé muerte a los temores para darle vida a nuestro amor.








