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sábado, 14 de noviembre de 2009

Aquello Que Se Fué.

Se me han perdido sus ojos; se me han caido de la memoria y su historia se fugó con el viento hacia tiempos mejores.

Vuelvo a ver esos momentos en que solía caerse entre mis párpados inmóviles y su luz se impregnaba en mis pupilas dilatadas. Cuando un par de tacones anclaban su viaje frente a mi aposento y las cálidas palabras saltaban como las gotas de una cascada, entonces yo podía saborear sus sentimientos y el sazón de sus caricias.

En instantes como éstos, cuando estoy solo, sus recuerdos a veces besan mi memoria y me acurruco junto al fuego de ese pasado en que solíamos jugar a ser como un par de aves.

Un susurro de su piel rozaba la mía; un disparo de amor se llevó mi vida a seguir sus pasos por donde quiera que ella vaya, por donde sea que ella camine, por donde sea que la luna abrace su cuerpo por las noches. Ahí está mi consuelo entre las estrellas, bailando sobre las olas del mar, en sus ojos infinitos, en esa piel tan tersa que me regaló el agua tibia y en los versos que hoy inspira en mi y que no podré decirle jamás.

Yo guardo en mis ojos sus pétalos y entre mis manos el calor de sus manos y no puedo soltaro, pero tampoco quiero hacerlo, y esque ella está impregnada en mi almohada y se inmiscuye entre mis sueños deseando que se hagan realidad.

Tengo, en una pequeña cajita, el color de sus ojos para mirarlos de vez en cuando; el sabor de su cuerpo para besarlo en mi soledad; la suavidad de su pelo para acariciarlo cuando sienta deseos y, para mis oidos, tengo su voz que, en contados momentos, aún escucho con claridad.

A veces vuelvo a sentir su aroma que se me resbala por la nariz hasta mis recuerdos y me envuelve en el sopor de sus abrazos cariñosos, pinceladas de su tibia ternura, matizadas con los grises besos que nunca me dió por temor a amar a quien no pareciera un principe azul.

A veces la busco y la encuentro entre las nubes, en el cielo azul, pero mis manos no la alcanzan y cuando ella me ve, sonríe, pero oculta su felicidad de mis ojos. Pero ya no me quedan más lágrimas que llorar por ella, las lloré todas cuando le pedí que no se fuera, pero se marchó y esa magnífica ilusión simplemente se quebró.

Hoy mi corazón se sumerge en el mismo lago donde la encontré, con la esperanza de encontrar a otra que le dé muerte a los temores para darle vida a nuestro amor.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Síntomas De Un Apocalipsis

Mira... ¿Qué?... ¿Dónde?... ¿Cuándo?... Simplemente no se puede...
¿Es peor vivir sin ganas o no vivir?... Sentado en el asiento del chofer
miro por el retrovisor y veo sus pequeñas manos y sigo conduciendo.
Miro nuevamente y veo la emoción en el rostro de sus padres.

Mi hijo me abraza preguntándome cuándo le tocará nacer,
pero mis palabras no son capaces de escribir su historia.

Un temor es lo que siento hacia el amor. Un sinuoso camino
de vidrio roto y brasas que, como navajas, me va cortando los pies;
me va dejando sin ansias; una celda sin ventanas ni puertas
donde ni yo sé qué hice para entrar.

Pero ahora me dedico a buscar en ella grietas y acrecentarlas
con uñas y dientes para poder crear una salida.

El bagabundo me mira con esa luna que no se me quita de encima.
Siempre me observa y me pide monedas diciéndome que tiene hambre
y se come a los muertos; los engulle por la tierra de sus sepulcros
y luego me habla con su mar que nos tiene rodeados
y no podemos escapar.

Las fauces del infierno rugieron y mi hijo desapareció
cuando el fuego me sacó a bailar el vals de la muerte
y yo ni siquiera pude conocer a su madre... Y lloré porque
jamás podré conocerlo a él, que me traería mil sonrisas.

Entonces el pecado, con un par de monedas de oro, compró mi vida
y me utilizó como esclavo para arar con sus garras este mundo
y sembrar la traición. Y al madurar la siembra sólo pude cosechar
la muerte y los leprosos se deleitaban al servirse el manjar
de sus propias carnes.

Y clamé por un Dios que no acudió a mi llamado, reprochándome
que ya era demasiado tarde para acordarme de él,
y sonaron siete trompetas luego de que abrió los siete candados
que sellaban su libro.

Yo esperaba compasión de parte de él hacia su propia creación,
pero cuando su pulgar se contrapuso a mi pensamiento y
apuntó con ira hacia el abismo, comprendí que debía esperar lo peor.
Y vinieron las siete plagas a destruir a Babilonia donde vivían mis recuerdos,
donde se escribió mi biografía y las de muchos otros,
escritos que ahora yacen en el fuego.

martes, 3 de noviembre de 2009

Al Pie De las Higueras

I.- Invierno

Ha sido largo este invierno, pero la lluvia ha sido muy seca.
La tierra agrietada no llega a saciar su sed,
aún consumiendo raudamente las gotas de llave nube
no logra ser seducida por la humedad. Y yo, aquí sentado
al pie de las higueras, me escondo de las miradas, cierro mis ojos
y siento aquellos sentimientos que se marcharon.

El frío compañero no hace más que quitarme las ganas y,
más y más, me agoto esperando que llegue la primavera.
Este suelo que sostiene mis huesos no me deja pensar en partir
para dejar de ver la vida en agonía de una higuera
que no ayuda a sentirme fuerte porque ni ella misma puede
con su propia vida.

Y el tiempo pasa más lento cuando estoy despierto,
sin mencionar que nunca duermo presa de este viento frio
que congela mis lágrimas antes de salir de mis ojos, sin dejarme cerrarlos.
Cómo deseo que termine; ya no lo quiero sentir tan presente.
Vete maldito pasado; vete con el invierno cuando llegue la primavera.


II.- Primavera

Has llegado por fin, tranquila, en paz,
pero no eres como yo te esperaba.
Me has traído pesares, enfermedades. Vienes con alergias en el aire,
certeras, y me consumen sin mi permiso,
y tu clima intermitente sólo me cansa.

Pero has enamorado a las higueras
que comienzan a despertar de su sueño,
y las verdes hojas comienzan a salir a probar el sabor de la luz.
Pero a mi me destemplas los huesos entre tanto frío
que de pronto sólo es calor. Me sacas del horno
y me introduces a un refrigerador y la fiebre y el delirio
se apoderan de mi cabeza.

Los pájaros cantan; los animales juegan como el sol y la pampa.
Yo sólo los miro sentado, postrado al pie de las higueras
envidiando su felicidad con la naríz tapada de nostalgia,
tosiendo un poco de mi vida y con la boca más que seca.

Espero que venga el verano y reconforte mi mal descanso;
espero que su calor llegue fuerte, descongele estos ojos
y que acaricie sin traición a estas higueras que han sostenido mi espalda
y que cada vez están más vivas.


III.- Verano

Tanto esperaba yo por ti. Te has llevado a la primavera.
Has venido a calentar mi estropeada piel.
Creo que al verte, inmenso sol de verano,
 me has dado un poco de alegría.
Espero a la mujer que me prometiste,
con la cara llena de sonrisa... Y los pájaros cantan
felices también aquí sobre las higueras.
Me pongo de pie para recibirte,y aprovecho de estirar mis piernas.

Dejaré de lado mi aposento para recorrer sus alrededores,
pero no descuidaré a las higueras que me han dado refugio todo este tiempo.
Buscaré alimento para mi alma vacía.
Estoy buscando paños húmedos para limpiar este amor ensangrentado.
Busco un cojín de colores para hacer más cómoda mi espera,
pero hasta el momento no encuentro nada.

En espera de las promesas están mis ojos...
Viejo sol, ¿las cumpliste?... ¿Me acurrucará?...
¿Me dará un beso con sus labios cada noche antes de dormir?...
¿Sostendrá con sus brazos este corazón marchitado
por el paso del invierno?...
Viejo sol, no la trajiste ¿verdad?...

Quizás ahora también odie al verano que me ha traicionado.
No trajiste a la mujer que me habías prometido
y sigo solo y angustiado, perdido en un terreno hostil y,
yo desahuciado, me he vuelto a morir.
Con el alma nuevamente envuelta en sangre
vuelvo y me acurruco al pie de las higueras,
con sus higos tan maduros que se caen sobre mi cuerpo
invitando a las hormigas al gratuito festín.


IV.- Otoño

Nuevamente me dejaste solo, verano traidor,
y comienza denuevo esta agonía.
Y no soy el único triste; las higueras se están secando
y las hojas se tornan amarillas
como mi piel envejecida, como estos heridos sentimientos,
como esta cruda sensación de soledad y nostalgia,
melancolía desorbitada, como mis ojos nauseabundos.

El sol comienza a cerrar la puerta y la luz es tenue,
gris y pobre; el viento comienza a ponerse helado
y las hojas caen para hacerme una cama.
Es la compasión que me tienen las higueras
que ya me quieren como a un hijo,
pero no basta con alguien, como ellas, que me cuide;
seguiré esperando a que los pájaros vuelvan a cantar
para que con su canto la llamen.

Quizás en otro tiempo la felicidad sea parte de mi idioma.
Con este constante ocaso, esta inacabable puesta de sol que estoy mirando,
me estoy petrificando dormido al pie de las higueras
que de mi cuerpo se están apoderando.
Ahora ya puedo dormir; mis ojos no están congelados,
pero espero que se congelen cuando llegue el invierno
y que se queden por siempre bien cerrados...

lunes, 2 de noviembre de 2009

¿Existe En Alguna Parte?

Ahí se encuentra él, está celebrando
con su cabeza apoyada en el pubis de su canto;
una piel que cubre un sendero;
un osado aventurero que resuelve acertijos
que provienen de los gritos de algún llanto.

Implícitas palabras que piden perdón
pues quién llora lo hace porque hizo daño
y este mensajero del alivio
lo corteja con sus ojos pardos;
le pide arrepentimiento primero y luego le concede el perdón.

Lleva consigo aquel sentimiento,
cual cupido enamorando a todos esos
que viajan por el mar sin rumbo,
trazándoles un mapa en las estrellas
para que se encuentren y se llenen con sus besos.

Un cariño, un secreto, algo mayor,
todo carga él en su alma cuando viaja por el panteón,
hundiendo los pesares ajenos
en las tumbas profundas, infinitas,
donde sólo yacen almas de profanos...