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jueves, 29 de octubre de 2009

Ella, Una Flor

Existe ahí, frente a mi, una razón para gritar; sus ojos me están contando lo que su boca prefirió callar.

Es que cuesta tanto ver todo lo que sucede. Con vista de águila, acechante está el cazador, el asesino, el delincuente, esperando por tus bolsillos para que crezca tu miedo y disminuya tu seguridad.

Una fiebre que ataca con devoción a sus clientes. El delirio es más que normal y se pasea como médico de cabecera de la familia.
Un vehículo frena abruptamente del cual se baja la mujer del sueño que tendré esta noche y la siguiente, y camina hacia el mar hundiendo su cuerpo para siempre.

Mi lápiz corría tras ella para intentar conservarla en las palabras, pero su paso fue más rápido y el azul se la tragó, y las olas trajeron su alivio hacia la arena de la costa, y entonces las ostras esculpieron su cuerpo en las perlas.

¿Cómo fueron sus sueños si no alcanzó a soñar con el romance del sol y la hierba?, ¿qué destino tendrían sus pasos antes de que ella decidiera desviarles el rumbo?. Ahora en aquel lugar, sobre el lecho de espuma marina, se alza una flor que ríe cada vez que amanece y se encarga de despertar a los tenores pajaritos para que levanten a la luz con su canto.

Era ella una princesa, delicada, quebradiza, que voló con el viento hacia las tierras que deseaba gobernar con su dulzura y sus colores ahuyentaron al cazador que fue expulsado de su reino. Esta flor sigue creciendo y baila para enamorar al cielo donde su alma vuela ahora libre de su tangible prisión. Ella es un ave; ella es una nube que protege y llueve sus palabras tranquilizantes que nos devuelven la calma y protección que nos robó el delincuente.

A pesar de su largo sueño, se que sus ojos no se han cerrado...

En memoria de quien fuera una bella flor, un regalito para tí "Toyi", que tue escencia esté siempre con nosotros..

miércoles, 28 de octubre de 2009

Cuando Estuvo.


Arriba, subiendo las escaleras, estaba ella tendida en el suelo con sus ojos apoyados sobre mi, sujetos como un soldado a su fusil en su primera vez en el frente.

Su boca, rojiza y contenta, cantaba en su silencio; sus brazos estirados me decían que debía subir, pero yo sentía miedo, no quería perderme entre sus cabellos, cafetales al sol, aunque la llanura de su piel me invitaba a correr como cuando era un pequeño.

Sentía que no podía arrebatarle mi cariño porque yo la quería, pero quizás ella me quería más y yo no podía quitarle los ojos de encima mientras el vaivén de sus rizados cabellos me hipnotizaba.


Y de pronto, de la nada y sin quererlo, subí el primer peldaño, y un escalofrío corrió por mi espalda, y mi boca sonrió... ¿Qué estoy haciendo?, me pregunté mientras subía hacia el segundo escalón.


Entonces mis piernas se desataron y, de pronto, ya estaba más arriba, y mis brazos se estiraron para tocarla cuando, de un salto, se paró, me jaló y me regaló aquel abrazo, aquel calor, aquella ternura que yo amaba de ella; aquellas palabras que sólo ella me decía al oido; aquel momento que me hizo llorar los recuerdos de emoción.


Y fuímos, ella y yo, hacia la terraza, y tendidos en un sillón, con mi cabeza descansando en su regazo bajo aquellas estrellas que temblaban como yo, hablamos; nos miramos, nos besamos, nos quisimos, nos amamos; jamás nos soltamos, cuebiertos con una manta miramos el cielo; ella jugaba con mi pelo; mis labios jugaban con sus labios; sus ojos me decían "te quiero" y los mios respondían "yo te amo".


Cómo no recordarla cuando ya han pasado tantos años y su cuerpo ya no está conmigo, pero siguen a mi lado sus suspiros, los besos que me dejó y que no se han marchado; todas esas horas de una felicidad que se negaba a apagarse.


Aún guardo conmigo la pasión de sus abrazos y, en mi mente, los recuerdos de cuando su amor y el mio jugaban a la ronda tomados de la mano.


Como dos niños pequeños, sus ojos delicados; esos labios de cristal que se quebraron cuando en ellos gritó la muerte, trágica y maldita, que se la llevó de nuestro lecho de enamorados.


Hoy sólo me queda el vientoó solo me quedan las nubes grises de su partida, pero me queda el sol que me dejó y, de noche, me quedan las estrellas que mirabamos desnudos desde la terraza cuando nuestros cuerpos jugaban al amor. Pero siento que al mirar las estrellas que tiemblan como yo, están ahí sus ojos, en el cielo infinito, en la luna de piel de plata que aletarga mi letanía en que clamo por ella, por volverla a tener entre mis noches algún día, las mismas noches que fueron de sonrisas y que hoy me están arrancando la vida.

domingo, 25 de octubre de 2009

Devastada


Ahórcales; quémales con el fuego de tu ira, ¡oh poderosa!. Átales, prívales de libertad por la desgracia que te han hecho; no les dejes vivir en paz; métete en sus sueños, aprisiónales, destájales, derrámales la sangre que no merece correr por sus venas.

Ellos no te amaron como debían; ellos no hicieron buen uso de tus regalos,
¡oh poderosa!, desata sobre ellos tu infierno en un fin del mundo.

¡Oh infinita naturaleza!, ¿serás capaz de perdonarnos algún día?.
Yo, en nombre de todos, te pido perdón. Nuestro ingenuo progreso nos lleva a creernos dioses; soy uno de ellos, formo parte de aquella raza; soy un humano, madre tierna, e inconcientemente también te he hecho daño.

Cordero de verde lana, de ojos amarrillentos que nos miran desde el cielo,
de azul paciencia que se vierte sobre tu manto bañando parte de tu piel, ten compasión de los millones de hormigas que viven gracias a tu suelo.

He querido firmar con sangre un pacto para tu protección,
pero somos victimas de las malas costumbres que hemos adquirido con el tiempo. Somos plaga, somos incendio, y sin conciencia avanzamos sobre tu capullo, mariposa fértil.

Un par de manos que te amaron, celestiales años atras,
y que los hijos de los hijos de sus hijos, siglos, milenios más tarde, están dejando podrirse.

Llenos de dolor, puedo ver tus ojos día y noche
mirando la devastación que nos da trabajo y buena vida, desperdiciando la tierra virgen de tus muslos, ¡oh! dulce madre que en tu seno nos acurrucaste, ahora tus hijos te estamos prostituyendo presa de la avaricia, víctimas del dinero que nos dan por tus pedazos.

Pero existen aquéllos que aún son diferentes,
que comparten la leche maternal que nos has brindado; ellos te aman, pero lo demuestran con orgullo.

Yo, mi amada tierra, yo te amo y te comprendo;
escucho tu canto desesperado y triste, pero se que tú también amas a tus hijos; no eres capaz de ahuyentarnos y sigues queriendo lo mejor para nosotros. Yo, madre, yo tu hijo, te amo y en tí me cobijo cuando tengo miedo, cuando tengo hambre, cuando soy presa del frío; espero que tu vida siga firme; no te des por vencida, madre; todavía tienes cómo cuidarnos; ten piedad de tus hijos.

sábado, 24 de octubre de 2009

Ya No Lo Escondas.


Surge, lánguida mirada; surge, tímida sonrisa;
mira mis ojos que yo estoy mirando los tuyos;

sigue la estela que dejan las estrellas hasta que el camino,

en tu no pausada marcha, te haga llegar a mi.


Estos brazos te están esperando desde hace tiempo;

es posible que quieras rechazarlos,

pero el pudor de tus tacones camina hacia su protección;

quizás no quieres verlo, pero, yo siento lo que sientes,
lo leo en tus pasos;
tus sentimientos se retratan en tus ojos
cada vez que me miras
y sonríes como no lo haces frente a nadie más.


Veo que tus ojos se llenan de emocion y ese brillo en ellos es tan especial,

y cada vez que me miras las nubes se tornan rojas,
el mar nos canta su canción;
tú caminas y caminas por la arena;
yo solo te miro y sonrío
esperando que algún día, de tu boca, vengan esas palabras
como besos hacia la mía.

Las gaviotas vuelan despreocupadas, pero no lo haces tú;

deja el temor de lado, mi pequeña; abre tu corazón para mi;
deja que mis pies pisen la arena junto a los tuyos;
deja que el cielo sea para los dos
y qué importa que el sol nos mire,
no se reirá de nosotros;
él se arregla mirando en el mar su reflejo;
preparándose para su encuentro con la luna
que, como tú, siempre oculta su platónico amor, escapándose, dando la vuelta.


La piedra ploma se desteñirá y se convertirá en polvo.
Nnuestros cuerpos se verán derrotados ante la vejez.

Nno esperes tanto princesa
que, cuando la tierra se alimente de nosotros,
ya no podrás retroceder.


Ya basta de negarme tu cuerpo; déjame saborear tu piel, preciosa;

abreme la puerta de tu alma; camina, conoce, pero vuelve;

yo recogeré las plumas de tus alas y con ellas te haré unas nuevas

para cuando quieras volar a mi lado hacia la luz.


Caminaré contigo desde este árido valle hacia la cima de un amor
sembrando vidas,
haciendo realidad las ilusiones
sin dejar que nadie nos las quite, que nada las borre.
Ha surgido una lánguida mirad;, me has regalado tu tímida sonrisa;

estos prados son tuyos, princesa, corre...

jueves, 22 de octubre de 2009

Recuerdo De Primavera


Vasto manantial metálico; río de acero y piedras celestes; fraternal abrazo de una mano abierta en la montaña recibiendo el poder natural del equinoccio de septiembre, deshielando rios con su presencia primaveral, desnudando con su luz la cima de la cordillera.

Se encuentra rodeada mi alma de nubes; sombreros de un cerro que observa paisajes, cerrando los ojos al vaivén de la melodía que mece mis dedos, que mecen mis manos, que mecen mis brazos, que mecen mi cuerpo.

¡Sopla fuerte viento del sur, depáranos buen tiempo!
. Lengua madre, no pienses en desaparecer jamás. Antepasados del tiempo remoto que nos dibujó el camino hacia la luz, hacia el fervor y al femenino dolor del momento en que nos dieron a luz.

Un cielo tan profundo que me ahoga con su azul cristalino al tiempo de alzar el vuelo.

Te miro desde las alturas, amor, y te marchas hacia el ocaso siguiendo el reflejo del sol en el agua
mientras las estrellas comienzan a desearte, una a una, un pronto regreso y, cuidando de tu camino la madre, matriarca, te brinda un suelo vasto de inocencia cándida y pueril para que tus pies tengan paso seguro y sin maltrato.

Mil sonrisas me dejaste embalsamadas;
mil suspiros exhalo hoy por ti. Tu rostro está tatuado en mi retina y, cada vez que camino por la inmensidad de la pampa, miro estos cielos meridionales y no puedo evitar pensar en la mujer que fuiste, eres y serás tú.

Quisiera saber por qué emprendes la marcha, pero más quisiera saber por qué ya mis ojos no pueden acariciar tus colores, pero miro al mar en la noche y ahí te veo cuando el mar abraza a las piedras;
ahí te veo y a tus colores magnificados por el baño de la luna, ahí te veo.

Debe ser la culpa del equinoccio de septiembre,
el mismo que deshiela ríos con su presencia primaveral, el que desnuda con su luz la cima de la cordillera; ese que en ciertos momentos, vuestros momentos amor, me hace callar y ponerme a escuchar tus pasos.

domingo, 11 de octubre de 2009

El Hombre En El Espejo.


Ahí estaba parado ese hombre en el espejo, y me miraba con sus pupilas fragmentadas como diciéndome que le dolía el corazón, y sus ojos se sumergieron en el agua de sus lágrimas, lágrimas que él no dejó escapar por el sendero de sus mejillas.

Ese hombre del espejo se llevó las manos a la cara y se tapó el rostro con ellas. Yo pregunté si le pasaba algo y el hombre del espejo, reacio a contestarme con la verdad, llorando me respondió que no.

Desahógate hermano, escribieron mis labios con mi voz, pero él no se destapó la cara, sólo lloró quejándose entre suspiros trabados y cortados a pique.
..

Desahógate hermano, replicaron estos labios que llevo puestos hoy, y él me dijo que habían mil y una cosas que no se dió el tiempo de hacer y que ya no podrá hacer jamás.


Como quisiera volver el tiempo atrás, me decía mientras era devorado por un llanto voraz.


Yo no podía verlo en el espejo, pero sabía que estaba ahí sollozando una amargura que le coagulaba la sangre; hasta que quité mis manos de mi rostro, miré al frente y vi que secó sus lágrimas.


Cuando le vi me pareció muy conocido, como si lo hubiera observado desde hace mil años antes, pero sabía que no; él era otra persona porque se había desahogado y, olvidando que tenía los ojos rojos e hinchados por el llanto, me miró fijamente a los ojos y su boca dibujó un sonrisa al mismo tiempo en que la mía también lo hizo. Luego me agradeció por escucharle; intentó darme un abrazo, pero no pudo, y luego me despedí de él con mis ojos también rojos e hinchados, pero me sentía inexplicablemente feliz.

Pachamama


La abrumadora paz de tu austral y mágica vida, Pachamama, es lo que hoy, con la cabeza y la espalda desnudas bajo un imponente astro, gigante y luminoso sol, es la que hace, con inercia y agrado absoluto, que mis resquebrajados pies de barro se muevan, pisen y caminen a través del raudo incendio de tu inmensidad.

Madre tierra, fértil niña adolescente de milenios que has sostenido y amamantado con tus senos a ancestrales criaturas que han escrito tu historia en restos fósiles.

Un incendio lejano de apagarse para siempre, con piel de pasto, mar y árboles; con piel infinita y esqueleto de piedra maciza y tierra roja, húmeda, fecundada por naturaleza viva y muerta que se deja ver, muchas veces pudorosa, ante el potencial daño de la mano del hombre.

Pariendo candente y poderosa lava, por tus volcanes desatas tu furia cuando se te desafía, regalando la extremaunción; la cremación a quienes habitan las cercanías.

Imponente, madre complaciente que sostienes mis pasos y que sostuviste alguna vez los pasos del chaski en las alturas de Los Andes, reinado de cóndores de infinita envergadura, con los oidos acariciados por el trinar al viento de una trutruca; por el impetuoso latido cardíaco de un cultrún; vientos cálidos y frios, iracundos y pacifistas que mueven la cuna de la lluvia a través de los cielos, un único y fulminante canto que se escucha a coro entre la tierra y las lágrimas del cielo cuando chocan en su reencuentro.

Un regalo para mis ojos que se deleitan con tus parajes, maquillados por esteros, por la verde vegetación, por la unión coital entre el mar y el cielo, procreando al horizonte centelleante bañado por la luz del sol.

Seres ancestrales que te amaron tanto y más de lo que yo puedo amarte; hijos tuyos como yo; alumnos íconos de tu sabiduría; indios hermanos míos de raza, una raza languidecida por el implacable paso del tiempo que no perdona ni discrimina.


A ti te invoco, gran Pachamama, diosa, reina y madre de tantas culturas, con la ayuda del bramador y rugiente canto ancestral de los rios, con el silencioso alarido del monte virginal, con el canto de cada uno de tus animales; a ti, que amamantas a tus terneros, madre color de luna, madre con senos de plata, madre fértil de óvulos infinitos; yo, hijo de Inti, a ti te invoco.

viernes, 9 de octubre de 2009

Ausencia


Visiones enmascaradas, figuras de yeso; imaginación y vida sobre los brazos maternales de un tronco viejo que amamanta recuerdos de mi niñez. Un reloj detenido, muerto de ganas de cantar, que envidia a las aves que se paran en la ventana que ya no mira a ninguna parte, la misma parte hacia donde me dirijo.

Recojo mis pasos, esas huellas que dejara un par de pies vagabundos que corrían con zapatos de papel que se deshacían al pisar los prados mojados por el beso del rocío.

Una bicicleta nostálgica que solía llamar la atención con sus campanillas, sobre la cual montan ahora solo fantasmas del pasado.
Un sillón asesinado por la mermelada que esparcían mis pequeñas manos de bebé y una mesedora moribunda en la cual ahora solo se mece el viento cuando tiene ganas de tomar una siesta.

El abuelo que sigue ahí tocando su guitarra en ningún lugar, justo ahí, donde yo le pedía que no fuera nunca.

Un fríbolo cuadro vacío de amor, pero lleno de malncolía, se pinta nauseabundo ante mis desorbitados ojos que contemplan un socabado callejón que quedó detrás de mi años despues de que di mis primeros pasos...

jueves, 8 de octubre de 2009

Delirio.


Mis párpados se abren y gritan para despertar a mis ojos mientras la luna me mira enojada y me pide explicaciones. La tierra me defiende y con sus brazos cuida que nadie me haga daño, y un viejo lobo le aulla a la luna abogando por mi ser que pide peróon por no ver la magia de la vida. Entonces el sol le da un beso y me consigue otra oportunidad.

Un árbol anciano me acurruca en sus hojas dandome refugio para pasar la noche, mientras la luna y el mar hacen el amor junto a la playa esparciendo centellas por todos lados.

La arena guarda el calor del sol de día y caminando sobre ella le canto al amor del mar y la luna, mientras las piedras, celosas, se hacen las indiferentes y una cálida briza se enamora de mi pelo.

luego de varias horas, el cielo se despoja de su disfraz de noche y la luna se marcha del mar dejándolo solitario, y se siente llegar al sol que viene a felicitar a las aves por su hermoso canto.

Entonces un niño en la orilla se hace amigo de los peces que nadan sin preocupaciones, mientras un montón de estrellas de mar se reunen con el afán de disfrazar al mar de cielo, mientras el sol las observa y, risueño, suelta unas fuertes carcajadas que por fin me despiertan de un largo sueño...

Hermano.


Jamás voy a dejar de soñar y , aunque los tiempos sean grises, siempre habrá una sonrisa que regalar. El odio no resuelve nada, mas el perdon forja lazos irrompibles.

Quizás quieras odiarme, pero yo te seguiré queriendo. Sabes que entre cielo y mar hay una distancia gigante, pero date cuenta de que en el horizonte ámbos se toman de la mano y crean un cuadro único.

Una sonrisa seguirá brillando como una estrella dando luz a la noche, invitandote a mirarla y a sonreir junto a ella y, entonces, seremos dos estrellas, y más que dos, y muchas más.

No llores y bota el rencor que carga tu corazón impidiendote volar hacia todas las sonrisas del firmamento. No dejes que un amigo se marche de tu lado por algo que quizás sea inofensivo.

Yo te invito a tenderte en el campo y observar el cielo; aquellas aves que vuelan en paz; observa los árboles que bailan con las canciones que trae el viento; observa las nubes tocadas por el sol y mira todas las figuras que forman; lee mis labios que te dicen que no hay como el amor y la amistad y siente el cariño que te brindo en un abrazo. Se que no existe nadie como tú que sea tan cómplice de mi vida, como hermanos en el mundo, casi de la misma carne, como dos ríos que fluyen hacia un mismo mar.

El Juicio


Cómo te digo lo mucho que deseo que este lápiz deje, algún día, de escribir tu nombre con tantas palabras que para muchos quizás no significan nada, pero para mi, son la liberación.
Una nube blanca que bajó alguna vez del cielo y que se robó toda mi vida. La misma nube que ahora llueve sus sentencias sobre mi.
Ccuando soy presa de tus abrazos brotan mis sollozos, porque ya todo, inexplicablemente para mi, ha cambiado.
Las confesiones que hiciera mi voz en otros tiempos son la causa insensata de como es el "ahora".
Candente, como metal fundido, está esa línea que separa mi vida de lo que era antes mi vida. Son otros cuentos sin finales felices, es más, inconclusos, los que leen mis ojos sobre el pedregozo camino por el que vago.
Damas y caballeros, ¿acaso es pecado sentirse lleno de basura y necesitar expulsarla?. Me pregunto, ¿cómo algo que te causa tanta dicha, al mismo tiempo, te causa tanto dolor?.
Pido paz, señor juez, para pensar mejor y más tranquilo en mis actos. Pido también perdó n por haberme sentido feliz por acciones de lujuria de las cuales he sido víctima, pero sé que soy culpable de no querer forzar lo que hasta hoy creo imposible.
Bien soy culpable de necesitar al sol, porque me conforta y no quiero separarme del calor, pues no me pide nada a cambio, pero quizás ya no quiera saber más de mi y lo voy a entender, aunque no era este el final que esperaba escribir. 
Conté secretos frente a honorables, pero me fallaron; quizás el jurado fué sobornado, pero mi orgullo radica en que ya no soy el mismo de antes y, antes de ser apresado, clamo por una segunda oportunidad,argumentando que ya no cometeré los mismos errores de vidas pasadas. Ahora tengo un mapa que ha sido reinventado y mi caballo seguirá nuevos rumbos.
Tú sabes que el horizonte es infinito y me quedan muchos lugares por conocer, pero, señor juez, insisto; mi vida ya no es la misma, soy como un pájaro que puede volar a través de los barrotes de una celda y, si aquí me quedo, nada será un impedimento para volver a alzar mi vuelo y mis alas se batirán nuevamente al viento, y juro ante ti que nuestros secretos serán siempre secretos, como ahora.
Ofrezco mis sinceras disculpas al sol por desearle tanto, pero encarecidamente le pido que no me quite su calor, esperando no haga caso omiso de los años que vivimos sin problemas. No más declaraciones, espero ahora mi sentencia.