Derretido, destrozado... Un corazón sangrando que cayó en tus manos y fué alzado hasta el cielo luego de vivir deambulando entre las espinas; maguyado por el cáncer de la decadencia que avanzaba lentamente por sus venas, por su vida.
Hoy, por ti, las nubes han viajado lejos y han dejado el cielo libre para ver brillar el sol y en tus alas volar por el azul.
Sensaciones que extrañaba fuertemente y que han vuelto con tus pies por el mismo camino del río que no detiene su andar invicto, no como yo que caí muchas veces cuando ya no estabas, cuando ya te habías ido.
En un momento te perdí hasta en mis sueños y desperté llorando, porque desde un principio quise tenerte para siempre y tu muerte me hizo débil; sobre tu lápida estuve días tendido hasta que mi llanto interrumpió tu sueño eterno y tus ojos estuvieron vivos de nuevo.
Despertaste y caminaste hasta mi otra vez y rodeaste mi cuello con tus brazos; pude amarte nuevamente, abrazar tu piel desnuda y acariciar tu bientre con mis manos. Hicimos el amor bajo la luna, vigilados tan solo por un cielo vestido de noche y adornado por un millón de astros; tu voz se enredaba en mi memoria y mis labios se acostaron en tu pecho, preludiando alegrías, mucho más que un vago sentimiento, aún más que los placeres... La vida...

