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domingo, 24 de abril de 2011

Episodios Psicopáticos.


  Una casa inundada en el desorden; una mente sumida en la desesperación; un ser humano todo un día desnudo ante el frío del otoño, encerrado en la peste kafkiana de una mente psicópata.
  Una botella de vino vacía, dos de cerveza y seis latas vacías esparcidas por el suelo junto con la ropa, junto con las cenizas del cenicero, junto con los sentimientos y recuerdos pisoteados. Sentado en calzoncillos frente a los parlantes, por los que suena toda la rabia que siento, mientras mis manos se hieren al golpear el suelo, una y otra y otra vez...
  Piel descubierta, abrigada tan sólo por el viento que entra por la ventana rota. Fuego ausente y la cama, en medio del living, junto a la estufa que alguna vez dio calor, que ahora se durmió. Plena oscuridad, dejar las cortinas cerradas para que no entre ni la luz a hacerme compañía, porque cuando uno se siente solo, se muere sintiéndose solo, quiere sentirse aún más solo, y vienen con la soledad esos deseos de llorar, y más rabia por no poder hacerlo.
  He colmado mi mente de bellos sentimientos que no he entregado nunca, y aquí, en ninguna parte, ya nada de esto me sirve; sólo quiero botarlos a la basura, meterlos al fuego y arrojar, en forma de feto, mi cuerpo a la esquina más oscura y fría de la casa, ser víctima de las arañas y de su veneno. Pero no quiero acabar siendo una amenaza, preferiría morirme antes...

viernes, 15 de abril de 2011

Sin Rumbo...


   Vivo en un desierto seco (aunque llueva todo el mes) con unos pequeños cambios, como el sol por negras nubes y el calor por un frío hasta los huesos que no ayuda a sentirme bien.
  Conservo los ojos tristes, aunque las lágrimas hace tiempo me las guardé. Sentado en el andén vacío veo pasar el tiempo; si ayer vivía por tus besos, hoy muero por tenerlos otra vez.
  Ni el camino me entretiene, ni los paisajes ni otra piel; las sonrisas nunca llegan. El frío me ha dejado hasta el alma tieza. Si el sol saldrá de nuevo, eso es algo que yo no se.
  Sólo quedan los recuerdos que, aveces, preferiría olvidar pues, en las noches cuando me acuesto, ni la cama ni las sábanas me quieren arrullar.
  Las cuerdas se oxidaron; la guitarra se rompió; ya no tengo ni los versos ni las rimas; los lamentos sólo tengo... Una voz tan destemplada que no me sirve ni para cantar.
  ¿Qué me das por éste cuerpo que solo quiere volverte a amar?. ¿Qué me das por estos ojos apagados, éstos labios secos, éstos gestos que se dieron cuenta tarde que te necesitaban más que a nada y que te quieren recuperar?...

miércoles, 13 de abril de 2011

Una Taza De Café.


...Te perdiste entre mis ojos un día y jamás volviste a encontrar la salida. Diste color a mis ojos con tu piel morena y en las ondas de tu oscuro cabello aún se mece mi mirada como bailando sobre aguamarina.
  Cómo bebiendo una taza de café caliente bien cargado en un día frío y solitario, hierve tu recuerdo en mi cabeza y me devuelve el alma al cuerpo el calor de aquel café endulzado con un par de labios gruesos y amados.
  Enmarcadas en el cuadro del más profundo deseo están tus prendas, aquellas más sensuales y suaves, las que te ponías solo para mi cortejo, y tu cuerpo, ese que hacía desvelarme cada noche al pensar en vuestra piel, cuyos puntos específicos conocen mis manos de memoria para detonar como una bomba en ti el placer.
  Tibieza... Tibieza y calidez... Puedo resbalar lenta y mágicamente hasta tu interior y aposentarme en tu pecho para luego escapar, una y otra vez, enérgico por tu boca como gritos de amor, con los ojos cerrados, con nuestros cuerpos bien apretados, y cubrir tu piel con mil besos de mi boca, con las ansias de estar siempre juntos, con mis sentimientos prendidos a tus ojos, a tus besos, a tus palabras, al sol y al mar que nos unieron un hermoso día aya en la playa...

lunes, 4 de abril de 2011

De la desesperación (el síndrome del miedo).


...Eso de sentir que pierdes el tiempo... Eso de estar tan lejos que no puedas hacer nada para remediarlo de un momento a otro te presiona el pecho tan fuerte al punto de que te hace dificil respirar. Los dientes se te aprietan y hasta comienzas a temblar; miras el teléfono y el sólo hecho de verlo te asusta  Te causa tanto miedo la idea de llamarla, pues no sabes si en este momento te está odiando con todas sus fuerzas o si simplemente ya no le interesas, y la única e inacabable esperanza que tienes de que suene el teléfono y que sea su nombre el que aparezca en la pantalla (aún sabiendo que eso es más que imposible) te hace explotar la cordura de los nervios. Sientes que el corazón te está palpitando en todo el cuerpo, tan fuerte que puedes escuchar ese enérgico "púm púm... púm púm..." que te desmorona a pedazos el juicio mientras el sonido de la lluvia, que golpea con odio profundo el techo de zinc, contrastado con el sonido de las llamas del fuego en la estufa hacen que mil escalofríos recorran tu espalda en un segundo...