Ha llegado nuevamente la neblina a abrazar todo lo alcanzable. Debajo de destellos aún se desenvuelve un pequeño de pies aún más pequeños, que en su piel tersa entona el murmullo del llanto estrepitoso de las nubes que rugen e iluminan con sus ojos el sin fin de estas tierras.
En el auge de mi mente, entre ideas y recuerdos, debiera estar justo ahora mi mano puesta en tu cabeza, la cual descanse sobre mi hombro sujetando las sonrisas que se arraiguen fuertemente a tus mejillas.
Aún ahora, llenos de la niebla, escaseamos de aquél minúsculo punto donde converge la mutua comprensión; sólo estamos puestos en el nombre de una tumba, recreados por las nubes que distorsionan cuerpos e historias que tal vez estén por suceder y ser escritas en un libro enmudecido y acribillado antes de nacer.
Tal vez pueda alguien decirme cuál fue el cielo en que se hundieron esos vuelos de incógnito burlando a lo convencional, donde fuiste diferente a lo que en verdad fuiste. Tal vez alguien que nos vio se acuerde del espanto de tu rostro al ver que esta vez no fue tu amor, sino tus temores los que no lograban ser correspondidos. ¿Para qué he de cambiar?, dijiste... Esos miedos siguen siendo tuyos y, tal vez, su compañía es mucho más amiga que la de estas plumas empapadas que se alejan de la gente...
Tal vez pueda alguien decirme cuál fue el cielo en que se hundieron esos vuelos de incógnito burlando a lo convencional, donde fuiste diferente a lo que en verdad fuiste. Tal vez alguien que nos vio se acuerde del espanto de tu rostro al ver que esta vez no fue tu amor, sino tus temores los que no lograban ser correspondidos. ¿Para qué he de cambiar?, dijiste... Esos miedos siguen siendo tuyos y, tal vez, su compañía es mucho más amiga que la de estas plumas empapadas que se alejan de la gente...

