Trazando un camino, con el viento se desprende y, lentamente, con femenina sutileza, desde una rama desciende, dibujando siluetas en el aire tímidamente, conquistando mis emociones, una hoja seca que lleva magia en cada uno de sus movimientos, en segundos infinitos. Cae una hoja como una lágrima de amor en un reencuentro; cae mágica y perpetúa la más fina pureza en un único momento y dispara hacia mis ojos la ternura, un susurro, toda aquella magia que distingue al momento más puro, y entonces me envuelve, como si fuera una bufanda, la hermosura; esa melancolía que es reina y majestad durante los días grises del otoño, días que tienen los matices de las hojas que caen como pétalos secos.
Cuánto sentimiento se desprende de mi corazón, mientras aquella hoja no para de caer. Cuán solemnes son los segundos donde se interpretan mis sueños y besa mi rostro el mismo viento helado, enamorado, que canta y, junto a una hoja seca, crea una magnífica danza. Cae una dulce hoja tal como cae la noche y tiene los colores de tus ojos.
Y yo no quiero ni hablar, y cierro entonces mis ojos solo para sentir y, luego de un diminuto momento, cuando los vuelvo a abrir, aquella frágil hoja ha caido y yace sobre el pasto, como una bella durmiente, para fundir en el suelo su frágil silueta inerte.
lunes, 24 de mayo de 2010
jueves, 13 de mayo de 2010
Resiliencia.
Llueve pronto cielo y desahógate.
Bota tus lágrimas y llueve la pena que te embarga.
Abre los párpados, mujer de barro, mujer de agua;
deja que te alumbren los rayos del sol;
mueve los pies y baila y ante todo, sonríe;
extiende tus alas sobre la pampa vasta de esperanza;
apunta tu mirada hacia los haces de luz de la noche
estrellada, apasionada, mimetizada entre la hierba del campo;
reposa tu cuerpo sobre la arena y tus sentimientos sobre el
desolado manto de estrellas que se reflejan en tus ojos;
haz parte de ti a la resiliencia; preserva la memoria, la razón,
pero no excluyas al perdón.
Sal de la cascada y llueve tu amor sobre mi pecho.
Saca tu alma de ese espacio estrecho.
Siénte como todo comienza de nuevo...
Bota tus lágrimas y llueve la pena que te embarga.
Abre los párpados, mujer de barro, mujer de agua;
deja que te alumbren los rayos del sol;
mueve los pies y baila y ante todo, sonríe;
extiende tus alas sobre la pampa vasta de esperanza;
apunta tu mirada hacia los haces de luz de la noche
estrellada, apasionada, mimetizada entre la hierba del campo;
reposa tu cuerpo sobre la arena y tus sentimientos sobre el
desolado manto de estrellas que se reflejan en tus ojos;
haz parte de ti a la resiliencia; preserva la memoria, la razón,
pero no excluyas al perdón.
Sal de la cascada y llueve tu amor sobre mi pecho.
Saca tu alma de ese espacio estrecho.
Siénte como todo comienza de nuevo...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



