En algún lugar del mundo, donde las nubes son sólo parte de un sueño profundo, donde esos astros parpadean tan sutilmente tras unas pestañas de oro, he nadado en sus aguas y he limpiado mi amor de los antiguos amores quebrados cuyos rostros de roto cristal, en el suelo, pisaron mis pies y fueron heridos.
Un par de ojos que se abrieron obligándome a abrir, una vez más los míos, desde lo más profundo de mi tumba, donde junto a mi cuerpo yacen millones de deseos que serán revividos nuevamente por nuevos sentimientos que no han sido anteriormente sentidos.
Bajo tierra, como hielo, un cofre de secretos que ha sido abierto por vuestras manos, empeñadas en tocar un rostro con el sueño desorbitado en noches de lujuria, de desvelos, del amor que sólo en sueños ha sido encontrado, sin pensar en los versos que pudieron ser escritos ni en los obstáculos que pudieron ser derribados, yacen en su lecho de amantes un par de rayos de sol que se escaparon de su recorrido, juntos, y un par de corazones enamorados que es lo más importante.
Ya no importa, amor, cómo te lo diga, ni cuánto de mi tiempo gaste pensando en ti; no me atrevo a mentirte ni me atrevo a ser farsante, pero si algún día dejas de quererme, gastaré todo el resto de mi vida tratando de volver a enamorarte.
