
Signos de inercia, fértil tierra que que sostiene mis pies sobre este mundo cuando corro al encuentro de esos muertos que amo tanto.
Síntomas irreparables de tragedias que no deseo que ocurran, la vejez se hace presente en una lágrima, que cae por mi mejilla izquierda, con el único propósito de darme cuenta que comienzo a llorar, y esta lágrima trae consigo a su familia, y generaciones de lágrimas que han sido guardadas por mis ojos comienzan a brotar felices.
Ahora fijo mi vista en eso y también en aquello, y en esto y en lo otro, divagando entre frases, desesperado por no tejer un discurso de bienvenida cuando corro al encuentro de esos muertos que amo tanto.
Esbosando suspiros de satisfacción se encuentran mis manos al tener una nueva oportunidad de tocar sus rostros, rizas de magnitudes universales emanadas desde mis brazos a consecuencia de la inmensa felicidad de poder abrazarlos una vez más, presa del tiempo son ahora mis pies que no se cansan cuando corro al encuentro de esos muertos que amo tanto.
Exijo felicidad, la cual me es otorgada sin antes pedirla al ver sus ojos felices de verme. Estan todos aquellos que dejé de ver en algún momento del pasado, aquellos que se los comió la tierra ahora estan esperando en el andén a mi arribo.
Ahora que mis ojos se han cerrado y un largo sueño ha comenzado, también se extiende por mi cuerpo aquella sensación de relajo, cuando el aire es cálido y tendido sobre el pasto recibes las caricias del gordo y viejo sol.
Ahora hasta los peces vuelan con la música del viento que me saluda ansioso de besar mi cuerpo descubierto, y me dice "siéntete cómodo, ¡por fin haz llegado!", y un banquete infinito de abrazos da lugar a mi encuentro.
Ellos me han esperado con un trono entre las nubes, donde ahora me siento, satisfecho de del cariño recibido, y por fin doy descanso a mi pies que ya han dejado de correr luego de cerrar mis ojos, dejar mi alma libre de mi cuerpo y por fin concretar ese ansiado encuentro con esos muertos que amo tanto.



