Tengo ganas de ese inmenso cielo que rodea tu mirar; tengo ganas de alejarme de mi triste compañera, esa inerte pesadilla melancólica que me hace sollozar, no con los ojos ni en suspiros, sino en el alma que me pesa con las ganas de volver a sentir tu piel sobre mi piel y no sentir lejanos esos sueños que me apena recordar.
Llevan años esas ganas dentro mío, que no se sacian con otros besos, con otros cuerpos, sólo con tu piel y su tibia suavidad; sólo se sacian al ver tus ojos de la mano con los míos y más cuando veo que se cierran ante la pasión que envuelve un beso y el cielo se tiñe de rojo con los versos que nos trae el arte de amar.
Es locura llevar años coleccionando tus pétalos para armar con ellos una flor y ponerle tu nombre. Es obsesión sentarme de noche a mirar las estrellas con la esperanza de que bajes de una de ellas y me regales ese brillo para guardarlo en un sobre; pero, sin embargo, gasto mi tiempo en esas cosas y mi dinero en comprar y comprar hojas para escribirte un libro y así me voy quedando cada día un poco más pobre.



