miércoles, 7 de abril de 2010
Eclipse De Luna
Hay algo en mi cabeza que presume haber perdido la cordura luego de observar el eclipse de luna que me hizo cerrar los ojos, angustiados de sueño y de plumas de paloma virgen, contando adoquines en la calle como el preso contando los días; remando hacia el reflejo de una isla con hombres de sol y mujeres verde esmeralda; caminando por las copas de los árboles hacia la montaña, desde donde bajan ríos y me tiendo entre dos hojas secas, secas de cordura, como algo en mi cabeza que ha desaparecido y se ha ido hacia una constelación de estrellas de mar que tienden sus brazos hacia el abrazo fraterno de la luz y la oscuridad en aquél eclipse de luna que ha llevado a crecer mis pasos y el paso de las naves ciegas que cuelgan sobre la cuna de algún bebé dormido, con las mejillas enrojecidas y los dedos fruncidos, en un profundo sueño con boletos para el estreno de una gran fantasía, desde donde nacerán las melodías que conquistarán alguna vez a alguna muchacha, de aquellas con ojos profundos, bonitos, oscuros como el misterio y claros como el día, el día que amanece o el día que anochece o como sea que haga despertar al crepúsculo insaciable de romanticismo y de miradas cálidas y llenas de ingredientes para un plato literario o para la poesía que escribe el enamorado, todas esas palabras incoherentes que la gente a veces no entiende pero que tanto desahogan y a los sentimientos hacen presentes ante un cuaderno que recibe las caricias de un lapiz azul que es el que más me gusta por ser el color del mar, el color del cielo, las dos cosas que deseo recorrer en mi delirio de desvelo, el mismo delirio que tuvo un pintor, el mismo que sintió el poeta, el mismo que sintieron las olas cuando se enamoraron de la arena, aquél en donde veo entre mis sueños a la mujer que me llevó a escribir este poema.
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