A veces te despiertas y el respiro no está contigo; se destiñe el cielo y se muere con el celeste la tibieza. Puertas de algo vago que no existe sino entre el sueño, y se agitan letanías en el canto. Cual visturí rasgando la piel, se cuela la soledad entre las sábanas y tu cuerpo es ausencia gigante después del vino.
Al salir a la terraza, semidesnudo, vuelve la resaca de tu beso, Judas, eres una Judas de loza clara y perfecta que cayó al suelo con rabia, con fuerza; estrepitoza como tu sexo, caliente como tus labios que no se marchan de mi cabeza.
Cómo encontrar valor para matarte, o para morir de nuevo en tu cadera si no soy yo el inconsciente, sino tú la intransigente, y se torna el cielo negro y en la ventana se luce la nada...
Vete rumiando tu orgullo, ponle puertas a la mente y déjalas abiertas. Tuve un síndrome endemoniado, pero nací de nuevo y me quise conocer a mi mismo, como verme al espejo, como leerme en un libro, como ver en tus ojos la tierra del campo; es por eso que no te odio, porque planté en ellos mi semilla y se que, tiernamente, volveremos a abrazar los dos juntos la melancolía...


