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viernes, 14 de septiembre de 2012

Memorias en Mi Menor




   A veces te despiertas y el respiro no está contigo; se destiñe el cielo y se muere con el celeste la tibieza. Puertas de algo vago que no existe sino entre el sueño, y se agitan letanías en el canto. Cual visturí rasgando la piel, se cuela la soledad entre las sábanas y tu cuerpo es ausencia gigante después del vino.
   Al salir a la terraza, semidesnudo, vuelve la resaca de tu beso, Judas, eres una Judas de loza clara y perfecta que cayó al suelo con rabia, con fuerza; estrepitoza como tu sexo, caliente como tus labios que no se marchan de mi cabeza.
   Cómo encontrar valor para matarte, o para morir de nuevo en tu cadera si no soy yo el inconsciente, sino tú la intransigente, y se torna el cielo negro y en la ventana se luce la nada...
   Vete rumiando tu orgullo, ponle puertas a la mente y déjalas abiertas. Tuve un síndrome endemoniado, pero nací de nuevo y me quise conocer a mi mismo, como verme al espejo, como leerme en un libro, como ver en tus ojos la tierra del campo; es por eso que no te odio, porque planté en ellos mi semilla y se que, tiernamente, volveremos a abrazar los dos juntos la melancolía...

martes, 4 de septiembre de 2012

El llanto del tinto.

    Sácate esa máscara oscura, como que me anduvo diciendo... Desvístete de esa pena; y tuve que comerme mi llanto; no me lo tragué, porque te hace vomitar palabras feas, hirientes, así que me lo guardé en la garganta, pero igual no mas era como que me estaba ahorcando. Hubo un silencio bien largo, como que incomodaba, y luego me sirvió un vaso de vino.
    Cómo cuesta agarrar un vaso, aunque sea de vino, cuando tienes el puño apretao', y como que se te aprieta también el pecho y el aire como que se hace más pesao'. Cuesta también tragar, y aunque sea vino, porque el llanto ocupa harto espacio en la garganta, y no tenís ganas ni de mirarla pa’ que no vea que tus ojos están llorando, porque la querís tanto que te baja una pena tremenda por estarla odiando; y no querís na’ más que salir corriendo y te sentís engañado, humillado, como cuando uno era cabro chico y el taita te agarraba a correazos y, ¿qué le iba a contestar uno?... No mas uno tiene que quedarse callao’…