Puñalada de
dulce melodía, sauce y laguna, y la luna entrando en este cielo de tarde oscura
susurrando suavemente al horizonte. Un
repentino prescindir que siento inequívoco de “justo ahora”, de este momento,
de que pueda verte en el espejo o, más bien dicho, reflejada en el agua quieta que se hace espejo
del paisaje en el estanque, recibiendo por primera instancia un beso de parte
de tu boca, beso que me ha hipnotizado y que, de forma automática, me ha robado
una sonrisa.
Guardar por
un rato la vista; conservar los párpados cerrados dedicándome a sentirte regalando tus virtudes
para hacer de este momento una fotografía, un pequeño bordado en tus memorias
sin pensar en el pasar del tiempo, mientras nuestro calor siga intacto.
Serenos, tus
ojos se bañan con la luz de cada estrella como lentejuelas en el paño del cielo
nocturno y, más que como abrigo, tienes mi cuerpo junto al tuyo que te abraza,
pretendiendo reparar las grietas que lleva dentro; una atmósfera de color
púrpura profundo mientras pasa la noche lenta, delicada, vestida de etiqueta
para nuestro pequeño mundo sobre el pasto.
Que bellos
sentimientos, endulzando historias con tu piel de porcelana; que gran
satisfacción sustenta mi deseo de no soltar a esta dama, la mujer cuyos besos
son capaces de derretir a la misma luna y enamorarla tanto como a mi, mujer del
aire y el viento, mujer de todo lo cierto e incierto.


No hay comentarios:
Publicar un comentario