Desde mis cuerdas metálicas nacerán las notas para tu réquiem, mujer del viento, porque en tus ojos siempre habitó la indiferencia y en tu cuerpo ardía el mismo fuego del infierno.
Por el suelo me arrastraste y me volviste un asesino. Asesino de tu historia, de la historia que escribiste muy cerca de mis bolsillos.
Ahora sólo tengo el beso amargo del alcohol y, entre mis manos, la fría piel de una botella vacía y de un vaso donde sólo queda un par de hielos derretidos. Y son, mi llanto y mi desquicio, las razones de tu maldita satisfacción y de esa macabra sonrisa de "objetivo conseguido".
Entonces, ¡que el maldito whisky me haga arder por dentro y que en sus jodidas llamas se cremen tus podridos recuerdos!, porque al compás de este blues, yo seré tu dulce asesino…


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