Ya me ves morir
hoy en el misterio, y el sexo se agazapa en mi solapa; se prende cual botón a
un ojal, y se turba el santuario de tus pechos tímidos, como un sol tras la
niebla. No estás pero, sin embargo, te encuentro… Al esbozar palabras están tus
restos, y los míos en tu cama; tras las noches y el viento, detrás de las lunas
lánguidas.
No hay más sueños
en la noche, no hay canciones ni siluetas en la playa… Venga el vino, ¡venga!,
venga el insomnio hacia la calle larga. No hay párpados que aguanten el dibujo del verano que se acerca, de la
experiencia que se ensancha. No hay letras que sustenten una historia que se
arrojó a las calles a beber, para morir en el éter, para emborracharse de tu
piel y tu calma.
Junto con la fiebre me he vuelto más joven, el
reloj se ha distraído ante tus dedos pueriles. Hay acentos en todo lo
extraordinario de los días que amanecen en tus ojos insensatos, y se anidan las
horas de luz sobre mi aposento. Sigo vivo en ti, porque vivo divagando; permanezco
aún en los elogios con los que besé alguna vez tu aroma. Coleccioné tus pasos y
huellas, mientras tú coleccionabas cada una de mis noches en tu cuerpo, en tus oídos
que se deleitaban con mi parlamento.
Dejaste conmigo
estas malas compañías y un amor por algo insano; un vals con una copa o unos
paseos con la botella, yo y ella juntos de la mano; resuena tu suave risa en mis
oídos al despertar y aún te llevo el
desayuno a la cama con la flor que, como de costumbre, corto cada mañana. No
estoy sólo, aún te tengo, porque estoy loco, porque por ti estoy loco, y tu
cuerpo, y tu amor, y tu piel, y tus gestos, y cada una de tus palabras me
aceptan tal cual soy, un perfecto idiota, para ti un idiota perfecto…


1 comentario:
Hacía tiempo que no te leía. Ya iba siendo hora.
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