Brotó un día, de aquellas semillas que introduje en los brazos extensos de la tierra vegetal, un generoso indulto hacia una libertad menos sentenciada. Deshice mis ideas y las comencé a restaurar de nuevo, en otro estado del tiempo. Quise acariciar ciertas cosas de lo que pudiera haber llegado a ser tu presencia entre mis párpados, entre mis dedos; ese sabor incoherente que diverge del resto de momentos que se le suelen arrebatar al ocaso.
Pensé en un posible amanecer de gestos y palabras, algo hermoso que viniera acompañado de un estrechar de grandes abrazos, y predije que sería algo pasajero. Aún así, como en todo el común del ser humano, hay algo extraño y singular que insiste en que me equivoco...
Poco a poco, pese al frío de la noche, una pequeña fogata se ha encendido; los trocitos del invierno, por hoy, se han desvanecido...
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