
¡Hey mujer, por aquí!, te habla tu juguete,
solo quiero que me escuches, ¡y esta vez me vas a escuchar!.
¡Estoy harto, ¿me oyes?!, ¡Cansado!,
cansado de que usurpes cada muestra de cariño de mi parte,
que aproveches cada buen trato sin retribución alguna.
Ya me cansaste, ahora seré una muralla,
hazte a la idea de que ya no me tienes.
Ya no vuelvas a contar conmigo, pues el cariño ya se acabó.
Simplemente no eres nadie, solo un cuerpo objeto de deseo,
absolutamente nada importante.
Tu voz ya no la soporto, ¡o te callas o mueres!,
yo ya no soy un juguete, soy de carne y hueso,
¿que no te habías dado cuenta?, te odio perra, lo confiezo,
ya no contengo esta ira en tu contra, ¿quién mierda te crees?.
Mi paciencia se agota, no por el hecho de ser mujer mereces respeto,
solo mereces sentir dolor, una herida profunda hecha principalmente con rencor.
Con tu sangre el maligno saciará su sed,
con rabia, violencia y supremacía te va a poseer, se apoderará de tu bientre
para engendrar a una criatura hermana de la anterior,
y tu caliz mensual se cortará para siempre, pues cuando él nazca,
tu vida yacerá en el fuego, serás quemada por la lava del infierno.
Una cruz de odio se clavará en tu pecho y una daga triunfante se alzará gritando eufórica,
y mis dientes arrancarán la piel de tus pechos que como ofrenda sera entregada al dios de la sangre.

No hay comentarios:
Publicar un comentario