La paz no es más que simplemente un terreno frío, en el que mis pies se hunden para dejar en claro que la razón es parte de los motivos que me hacen pensar, luego de un arranque de locura, que debo estar en calma.Los respiros agitados y lujuriosos de ira, irritados a más no poder por las uñas que se clavan en mi piel ensangrentada de ilusiones, se van atenuando, abriendo paso a la lucidés de una mente, que deja ya de llorar, se para firme frente al viento y se deja fluir, flotando como una pluma blanca, acariciada por el calor del sol.
Es un bello momento, ansiado, anhelado, sentenciado por la libertad, el alma deja ya atrás las cadenas que la ataban a un cuerpo maltratado por las yagas de la pena, el dolor y las mentiras.
Cual un ave, lánguida, fragil, se deja amar por el paisaje de la infinita pradera, o del inacabable mar.
Mis ojos se han abierto a la luz, viendo colores que jamás había visto, en los cuales se hacen presntes tus manos, tus hombros y tus palabras querida amiga. La magia que transportas me ha hecho vivo, libre.
Como un recién nacido, desnudo me encuentro, preza de la naturaleza que rodea mis actos, nunca más cautivos, sintiendo en mi piel el amor de un planeta vivo, muchas veces utópico, pero, a momentos, alcanzable.
No paro de luchar para conseguir la paz, esa transición entre aire, tierra, fuego, agua, y mi piel desnuda.

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