La esperanza reinaba en aquella lluvia; los días amueblaban mi cabeza con ideas e algo incierto; las nubes blancas se hicieron mantos de un viejo vago, de un pequeño perro, del sol dormido que alzó su copa brindando al viento.
Moribundas las estrellas se cerraron abriendo paso al cielo aventurero que al rey del alba le contaron sus desvelos sin reparar en sentimientos extranjeros. La noche negra triste se iba dejando al día llenar el cielo.
¡Cómo es de extraño el sentimiento cuando uno pisa el campo descalzo! y entonces recuerda, ya sin remedio, el suelo fértil que pisaba, la espuma blanca, el mar eterno, el verde suelo que se incrustaba en la memoria de un trovador que ahora está ciego.
Luego la vida me llevó por un camino pedregoso y mis pies tropezaron y cayeron; mi cuerpo en andas está cansado, pero no sin fuerzas; si bien estuve ciego, a un árbol le cuento, hoy la visión paso a paso recupero.
Hay distintas formas de ver, si hasta con las manos hoy se puede leer. Las luces rojas que me detienen ya cambian a verdes y continúan mis pies con un destino fijo, pero para llegar existen millones de caminos y aquellas aves que cantan mientras yo piso son los pilares, los mantos finos, los que me abrigan en el frío.
¡Cómo es de extraño el sentimiento cuando uno pisa el campo descalzo! y entonces recuerda, ya sin remedio, su cama blanda, aquel amor cristalino, la familia, los amigos, los pasillos de una casa que sujetó mis pasos desde niño; la tierna lluvia que venía de un limpio cielo que sobre mi cabeza hace mucho no ha llovido.
¿Cómo es de extraño el sentimiento cuando uno pisa el campo descalzo! y entonces recuerda, ya sin remedio, todo lo que quiere volver a ser visto por sus ojos; todo lo que quiere volver a ser tocado por sus manos; la gente que quiere ser abrazada por sus brazos y los labios que quieren ser besados y nunca más soltados por este trovador y sus trovadores labios...
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