domingo, 3 de enero de 2010
Esos Ojos.
Esos ojos, aquellos que me vieron y guardaron mi imagen en ese buen corazón, con persianas blancas que se abrieron para la amistad; son aquellos ojos, los mismos que miro fijamente cuando hablo serio o feliz o asustado; son aquellos ojos que en mi mente he mimado por pertenecer a aquella persona que mi corazón ha ablandado, que me sume en armonía, que hace feliz aquellos días en que pienso en ella; encerrada dentro de una botella como una hechicera de tiempos antiguos que ampara mis carnes derrotadas por el maltrato del hastío insomnio; una mujer, una amiga a la cual recuerdo durante la noche, durante el día y aún cuando mi mente está vacía.
Yo, con fervor, estoy seguro de que la quiero por los distintos colores que cubren sus ojos, por como juega con el viento la libertad de su cabello; una ninfa con garras de fierro que ha penetrado mi corazón como una suave canción, como un relajante sueño. Ella vive en mis recuerdos y camina sobre el desolado panteón impregnándose en mis sueños.
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